02 marzo 2016

#conflictoLimpieza: esperanzas frustradas

Convenio de limpieza: esperanzas frustradas
Finalmente, tras una última fase que se podría definir de no negociación, puesto que Patronal y sindicatos funcionaron cada uno por su lado, se firmará el nuevo convenio de limpieza de Zaragoza.

De rebote salen más o menos beneficiadas las compañeras oscenses y turolenses, que se ahorran la negociación, pues la patronal sectorial se compromete a equiparar la subida, o al menos eso afirma en un comunicado uno de los sindicatos negociadores.
Aunque la cosa tiene truco, dado que los convenios de las otras provincias aragonesas son aún más precarios que el de Zaragoza. De hecho en Huesca el salario bruto que percibe una limpiadora es de unos 12.000 euros anuales a jornada completa.

Poco, poquísimo es lo que hay que destacar de este convenio y la parte empresarial debería tener motivos para estar contenta. Por un lado no se recupera el poder adquisitivo perdido en casi cinco años de congelación. Esto implica que los precios han pasado por encima de los magros salarios del sector. Una subida de cero patatero en 2015, 0,8% para este año y 0,9% para 2017 da para muy poco y mantiene la incertidumbre económica en un sector donde trabajar a jornada completa es la excepción. Hay fuentes sindicales que hablan de que necesitaríamos subir de un 8 a 10% para recuperar lo perdido durante la crisis, así que parece que nos hemos quedado muy lejos.

Una paradoja: aún con una subida tan mísera, este convenio pasa por ser la mayor subida estatal del sector limpieza en los últimos dos años. Con cifras tan ridículas como el 0,2% de subida en La Rioja o un 0,75% en Asturies como subida más alta, puede verse este incremento como un pequeño éxito.

Pero si algo se echa en falta tras la firma es la falta de toda mejora social a las que se renuncio casi de partida. No mejora ningún tipo de cobertura, ni se reducen las horas trabajadas en un sector donde el desgaste físico es evidente. Eventuales planes de prejubilaciones o mejor cobertura de bajas vuelven a ser implanteables. En ese escenario las empresas pueden sentirse cómodas.

Se ha recorrido un camino de 13 meses de negociación y se puede afirmar que en ese camino prácticamente no se ha avanzado. Las empresas se ven seguras y afianzadas por una parte de las instituciones públicas, una de sus mayores empleadoras, de las que reciben millones de euros cada año. Como mucho alguna sanción por sus prácticas impresentables que arañará mínimamente sus beneficios.

En el balance de lo más negativo está el hecho de que no faltó quien hablara con la parte patronal a espaldas de las trabajadoras. Esos miserables ya saben quienes son y no merecen mayor mención por mi parte.

En lo positivo, que no es poco, destacar que se ha hecho mucho ruido, aunque lo obtenido sabe a poco. Que se ha podido salir a la calle y que el sector tiene capacidad de movilización, apoyo social e incluso institucional.

Positivo es recordar a la ciudadanía que hay miles de personas, mayormente mujeres, que vinieron reivindicando una subida equivalente a diez barras de pan y ni eso se han dignado en otorgarles una patronal compuesta por grandes empresas con cuentas millonarias.

No debería ser tiempo ahora de plegar velas, ni olvidar este conflicto, sino usarlo como ejemplo de cómo están las cosas. Así que termino como empecé a escribir sobre este convenio. Cuando veas que alguien ha vaciado la papelera del aula en que estudias, que alguien limpia los cristales del comercio donde vas a comprar y que vas a usar un baño impoluto en tu trabajo piensa en lo poco que percibe la persona que lo hace. Y que, pasado el tiempo, cuando haya que volver a salir a la calle, espero que por mucho más que diez barras de pan, ampliemos las miras sociales y lo sintamos como labor de todos y todas.

SOMOS sindicalistas Arainfo  Foto: Pablo Ibáñez